Potencia contratada: errores habituales
La potencia contratada es uno de los conceptos más ignorados de la factura eléctrica de una PYME.
Además, muchas empresas se concentran en el precio del kilovatio-hora.
Olvidan que pagan todos los meses por la potencia contratada, una capacidad máxima de consumo, aunque no la utilicen.
El error más común es contratar potencia “por si acaso”. Una empresa que amplía su actividad, instala nueva maquinaria o cambia de local suele aceptar la potencia recomendada inicialmente sin analizar sus necesidades reales. Con el tiempo, puede estar pagando una capacidad superior a la que demanda habitualmente.
El segundo error consiste en reducir la potencia sin revisar el funcionamiento de la instalación. En suministros de hasta 15 kW, superar la potencia contratada puede provocar la actuación del interruptor de control de potencia y cortar el suministro. En potencias superiores, normalmente no se produce un corte inmediato, pero sí pueden aparecer penalizaciones por exceso de potencia. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia explica que estas penalizaciones dependen del periodo horario, de la magnitud del exceso y del número de veces que se produce. El dato sobre la potencia contratada energía eléctrica es relevante para evitar sorpresas, especialmente al revisar su instalación.
Otro fallo frecuente es contratar la misma potencia en todos los periodos sin comprobar el perfil de consumo. En determinados suministros es posible tener potencias diferentes para los periodos punta, llano y valle. Una industria que trabaja principalmente por la noche o durante fines de semana puede beneficiarse de una configuración distinta a la de un negocio concentrado en horario comercial. Potencias diferentes para los periodos punta, llano y valle.
La decisión debe basarse en datos. Conviene revisar las potencias máximas demandadas durante los últimos doce meses y compararlas con la potencia contratada. Los datos pueden obtenerse a través de la distribuidora, del contador inteligente o de la comercializadora. También es importante identificar qué equipos funcionan simultáneamente: cámaras frigoríficas, compresores, hornos, bombas, climatización o cargadores de vehículos. La potencia contratada energía eléctrica se debe considerar al evaluar estas potencias.
No siempre interesa bajar potencia. Si la empresa sufre picos frecuentes, puede ser más rentable escalonar arranques, instalar sistemas de control, utilizar variadores de frecuencia o evitar que varios equipos de gran consumo se conecten a la vez.
La revisión debería realizarse al menos una vez al año y siempre después de cambios importantes en la actividad. Ajustar correctamente la potencia no sustituye a la eficiencia energética, pero elimina un coste fijo innecesario y reduce el riesgo de penalizaciones.
Eficiencia energética en queserías
En la Mancha manchega, hay mucho vino, y además, mucho queso.
En una quesería, ahorrar energía no significa reducir la seguridad alimentaria ni alterar los tiempos de elaboración. Significa producir lo mismo utilizando mejor el calor, el frío, el agua y la electricidad.
Los principales consumos suelen concentrarse en la refrigeración de la leche y del producto terminado, los tratamientos térmicos, la limpieza y desinfección, la ventilación, el bombeo y la maduración. La guía de mejores técnicas disponibles del sector lácteo identifica los tratamientos térmicos, la refrigeración y las operaciones de limpieza como procesos especialmente relevantes desde el punto de vista energético.
El primer paso es medir. Una quesería debería conocer cuántos kilovatios hora consume por cada kilogramo de queso producido. Ese indicador permite comparar campañas, detectar desviaciones y evitar que un aumento de la producción se confunda con una mejora de la eficiencia.
La refrigeración merece una atención especial. Las cámaras deben mantenerse a la temperatura necesaria, pero no por debajo de ella. Un grado menos puede aumentar el trabajo del compresor sin aportar ninguna ventaja al producto. También es importante revisar juntas, puertas, aislamiento, condensadores y evaporadores. Las puertas abiertas durante demasiado tiempo provocan entradas de aire caliente y humedad, lo que obliga al equipo a trabajar más.
En los procesos térmicos, la recuperación de calor puede ofrecer resultados interesantes. El calor extraído de la leche durante una fase de enfriamiento puede aprovecharse para precalentar agua de limpieza. También conviene revisar el aislamiento de tuberías, depósitos, intercambiadores y generadores de agua caliente.
La limpieza requiere equilibrio. El agua caliente y los sistemas de calentamiento pueden representar una parte importante del consumo. Programar correctamente los ciclos, evitar tiempos de espera con equipos encendidos y utilizar bombas eficientes permite ahorrar sin comprometer la higiene. La automatización ayuda a controlar temperatura, tiempo, caudal y concentración de los productos de limpieza.
En instalaciones con motores eléctricos, los variadores de frecuencia permiten adaptar el funcionamiento de bombas y ventiladores a la demanda real. No tiene sentido que una bomba funcione siempre al cien por cien si el proceso solo necesita la mitad del caudal.
La fotovoltaica puede complementar estas medidas, sobre todo cuando la elaboración, la refrigeración y la limpieza se concentran durante el día. Sin embargo, la prioridad debe ser reducir el consumo antes de dimensionar una instalación solar.
Una quesería eficiente no es simplemente la que tiene máquinas modernas. Es la que mide, mantiene sus equipos, aprovecha el calor, controla el frío y relaciona cada consumo con cada kilogramo producido.
